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Esvástica

La esvástica o suástica, del sánscrito swastika, que quiere decir buena suerte o literalmente forma bendita, es una cruz cuyos brazos están doblados en ángulo recto, ya sea en sentido horario o antihorario. A veces presenta un punto entre cada brazo.

Esvástica en elefante de piedra

La esvástica se encuentra por todas partes en los templos de la religión hindú, así como en símbolos, altares, iconografía y artesanía en India, y Nepal, tanto en el pasado como en nuestros días. En el hinduismo, los dos símbolos representan lasdos formas del Brahman (el concepto impersonal de Dios). En sentido de las agujas del reloj representa la evolución del universo (pravritti), representada por el dios creador Brahmá, mientras que en sentido antihorario representa la involución del universo (nivritti), representada por el dios destructor Śiva. También se puede ver de qué manera apunta hacia los cuatro puntos cardinales, simbolizando así estabilidad entorno al punto central, el individuo. Viene usándose como señal de buena suerte.

Esvásticas en distintas culturasTambién es ampliamente utilizada en el budismo y el jainismo, así como en manifestaciones culturales de Asia, Europa y América. Se puede encontrar, pues, en una gran variedad de culturas de entre ellas la romana, que la utilizaba para disimular la cruz y así evitar la persecución, en las ruinas de Troya, como teselado de muchas catedrales medievales, en tribus norteamericanas como símbolo de migración… Rudyard Kipling, conocido escritor británico de origen indio, hacía colocar una esvástica en sus libros hasta que el surgimiento del nazismo lo volvió inapropiado. Además, se conoce en la cultura vasca como el lauburu (cuatro cabezas), un símbolo tradicional pero del que se sabe poco.

Pero es su vinculación con el partido alemán nacionalsocialista en los años 30 la que selló el destino de este símbolo en la sociedad occidental. Su uso en el nazismo parte de la creencia de que el pueblo alemán descendía de la cultura aria. El nacionalsocialismo consideraba a los primeros arios de India como el prototipo de los invasores blancos y se apropió de la Esvástica naziesvástica como símbolo de la superioridad de la raza aria. El partido adoptó formalmente la esvástica, Hakenkreuz o cruz gamada, en 1920. La usaba en su bandera, en su escudo y en brazaletes.

Como aportación personal, he podido comprobar que el símbolo, más frecuentemente dibujado en sentido horario, aparece en prácticamente la totalidad de la vida india, en paredes de templos, casas, en vehículos, postales… La próxima vez que veáis este símbolo, abrid la mente y pensad que en otras partes del mundo es sinónimo de bienestar, empleado en bodas y otras ceremonias como símbolo de buena voluntad.

Así que os deseo a tod@s mucha suerte y paz.


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Llevo varias horas arreglando y subiendo fotos. Es una tarea bastante ardua. Los últimos días parece que han sido la confirmación de que ya me he adaptado. No me acuerdo casi del calor, ni de la comida, ni de otras pequeñas molestias, que antes sí tenía. Bueno, ayer probé a dormir con sábanas y me picaron de nuevo las pulgas. No mucho pero sí lo suficiente como para pensar en meterlas en lejía o llevarlas a otro sitio. Mañana limpiaré el cuarto y lo desinfectaré de insectos. Para ello compré escoba, fregona, limpiacristales y un producto para el suelo.

Los últimos días han sido relativamente tranquilos. El viernes fuimos a una feria de Ingeniería Química. Para llegar allí, tuvimos que esperar casi una hora a que un compañero viniera, porque tenía reunión con el profesor y después se fue a comer. Y eso que habíamos quedado a comer a una hora determinada, pero así son los indios. No existe la puntualidad aquí. Si quedas con un indio, te pueden pasar tres cosas. La más infrecuente, que llegue puntual; lo más probable que llegue entre 5 – 60 minutos tarde o que no se presente. En conclusión, salimos a las 15:30, cuando a mí se me dijo las 14:00. Para que luego diga Valeria que soy inpuntual, pero si aquí nunca llego tarde :). Subir al bus. Misión imposible. Tienes no más de cuatro segundos hasta que se ponga en marcha, así que si te empujan por detrás no te extrañes, seguramente se estará subiendo con el bus en marcha.

La feria fue bastante interesante, pero me quedé con la sensación de que la tecnología en ese campo está a varios años de distancia de Europa. Curiosamente, al ser de los pocos occidentales, alguno vendedor pensaba que venía de parte de alguna empresa con varios indios a mi cargo. Así que en varias ocasiones me dieron a conocer algún producto. A pesar de mis pintas de turista.

La vuelta fue muy divertida. Primero, cruzar una vía rápida en medio de la ciudad, tres carriles, coches circulando a más de 60 km / h, sin prácticamente distancia de seguridad. Estamos sobre un minúsculo bordillo. Pasa un minuto, se empieza a amontonar la gente, pero nada. ¿Cómo diablos vamos a cruzar? De repente la luz, el grupo de 20 personas se abalanza sobre el tráfico y obliga a pararlo. Coches veloces que no les queda más remedio que frenar súbitamente. Así que durante unos segundos, los peatones se hacen fuertes y paran el tráfico. Es la ley del más fuerte. Para el siguiente sentido de circulación no tuvimos muchos problemas, sencillamente esquivamos los coches mientras pasaban. Un indio se quedó en la mitad de la carretera y todos se rieron porque el español había pasado y el indio no :). Si es que no saben que los españoles, también somos un poco bárbaros para estas cosas.

La vuelta fue dura. No había comido prácticamente nada y me encontraba un poco débil para soportar los vaivénes del autobús. Son tremendos, te llevas golpes con frecuencia debido a los frenazos que da el conductor. Además si estás al lado de la puerta, bueno no hay, te sentirás como en las rebajas, todo el mundo empujándote para hacerse un hueco. Somos más de 60 personas, y el bus aún puede llenarse un poco más. No te puedes mover. Llega el revisor. Un indio paga por todos, 10 rupias cada uno (0,16 €). Finalmente me obligan los indios a sentarme. Han estado bromeando que no puedo ir en pantalones cortos al laboratorio, ¿soy un hombre o qué? Aunque están bromeando, en el fondo hay una reivindicación de sus costumbres. Así que he pensado que tendré que ir a trabajar vestido como en Cuéntame qué pasó :).

Ayer estuve haciendo las fotos de los alrededores de Powai por la tarde. En la última podéis ver una estatua de una divinidad protectora. Un viejo señor me explicó quién era y me espetó a que le acompañara. Me iba a enseñar su casa. Así que un minuto después estaba en su vivienda. Preséntadome a dos de sus hermanas, que me hicieron una cortés reverencia juntando las manos y agachando la cabeza. No sabía como responderles, así que hice un amago,  imitándolas. Empezó a salir gente y más gente de las distintas habitaciones (9 hermanos eran más familiares de estos, hijos…), “foreign, foreign”, decían. Seguro que más de veinte personas viven en esa casa. Me invitaron a cenar, pero le dije que me tenía que ir al laboratorio, que era falso, pero sí es cierto que tenía otros planes y me sentía un poco sucio en esos momentos como para estar allí. Pero le pregunté si podía volver en otro momento y me replicó que claro. Así que seguramente volveré. Me despidieron con un dulce de almendras. La hospitalidad de algunos indios no se puede expresar en palabras. Espero poder hacer un par de fotos de la casa.

Por la noche, dos planes, irme con las amigas españolas de Txema, el otro estudiante valenciano, a un concierto o salir con los chicos extranjeros a un bar que hay justo al lado de la entrada al campus. Así que me inventé un tercero. Me fui solo, caminando cerca de cuatro horas hacia al sur, con la única ayuda de mi guía y la inspiración de Selenia. Me gustó. A pesar de que sólo vi pobreza, ratas y algún hombre trabajando. Es impresionante ver a decenas de personas durmiendo al lado de la calzada, sin nada, sólo un par de sucios harapos debajo. Un niño dormido mueve la cabeza de un lado para otro sin parar. Es difícilmente comprensible que estas familias tengan que dormir en la acera justo al lado de la carretera. Y duermen, con bastante luz y un ruido insoportable, pero lo hacen. A lo largo del camino ves tres tipos de hombres, y sólo hombres: Los que trabajan, incluso un sábado a las 3 de la noche, los que miran a éstos, y otros que nunca sabrás que hacen a esas horas. Una calle larga es el camino, casi dos horas para recorrerla. En el mapa, sólo aparece una cuasi recta, pero en la realidad los tramos no se parecen en nada. En un principio cientos rickshaws y taxis aparcados en hileras como si fueran otra acera misma, casas bajas con algún comercio abierto, a pesar de ser media noche; después una zona un poco más comercial y a la hora de caminata, un barrio marginal. Con una calzada de no más de tres metros de ancho. Canalizaciones con aguas grises a ambos lados. Huele mal, muy mal. El suelo está sucio y el contacto de mis pies desnudos con el agua del mismo,me repugna. Se hace oscuro. Hasta los rickshaws han dejado de molestarme. Si eres extranjero, vienen cual mosquito fueran. De repente una voz, “hello sir”, insiste, no puedo ignorarlo. Un indio, de otro estado, incide en que no siga por la carretera, es muy peligroso dice. Insiste, insiste, no entiende que hago allí. Yo tampoco, pero tengo que seguir. Y sigo. Se va extrañado, pero con la conciencia tranquila. Es una pena que mi capacidad expresiva no sea mejor para narraros la inmundicia del lugar. Los perros, compañía constante en cualquier lugar de la ciudad, están ahí. Siempre. En mi vida había visto tantas ratas juntas danzando de un lugar para otro, sin miedo, ignorándote. Se acerca el final de la calle, empiezo a notar el cansancio en las rodillas y en mi cabeza. Sólo un par de bonitos detalles como unos cachorros mamando, o algún templo en condiciones pueden darte aliento. Cruzo el aeropuerto y pasa un estruendo ensordecedor, un gigantesco avión me sobrevuela sobre la cabeza a poco metros, está a punto de tocar suelo. Cada dos por tres miro a mis lados, es tentador abandonar la carretera y adentrarse en las barriadas, pero no es buena idea. En otra ocasión seguro. Llegó al final. Una gran mezquita en plena ebullición, son las 2:00. La mezquita está impoluta, iluminada bajo la atenta mirada de Selene. Muchos musulmanes, pregunto a  uno el mejor camino.  Llegan cinco. Me lo indican, creo que mal, quieren que vaya a la estación de tren más cercana, que no es mi destino.Yo quiero llegar hasta la otra punta de la ciudad.

Pero sigo su dirección, voy, pregunto en una comisaría, estoy en Kurlam, no tiene ni idea el policia de ubicarse en mi mapa, me da una indicación en sentido contrario, pero no, no iré por donde he venido. Parece que al lado de la estación hay una parada de taxis, decenas de taxis desubicados, sin orden previo, esperan a no sé quién, pero esperan. Papeles por doquier, de todo tipo y color. Paredes pintadas, hormigón antiguo, olor a tierra sucia.

En la estación varios niños me piden unas rupias, saltanlos andenes y se plantan delante mío. No llevan zapatos, seguramente su ropa sea de meses, ni se acordarán de la última vez que se bañaron. Me dicen la plataforma del tren que va a la estación central de Kurla, pero no quiero esperar más tres horas hasta las cinco de la mañana al primer tren. No es la información que quiero oir, pero les doy las monedas que tengo, 3,5 rupias. Se van más contentos que unas castañuelas, pensando que me llamo Spain por un malentendido.

Me decido a cruzar la pasarela al otro lado, quizás encuentre otro camino. Decenas de méndigos duermen allí, en medio de la iluminada pasarela, ocultos bajo telas rasgadas. Muchos presentan heridas en los pies, el bastón es su única pertenencia. La cruzo. Llego a una calle que bordea las vías, una sola dirección, a la derecha un muro que se abre y me descubre un auténtico vertedero enfrente de muchas viviendas. Ratas y más ratas me pasan por al lado de mis pies como si me conocieran de toda la vida. El mapa no coincide. Sigo la calle, una mesa de hombre me mira extrañado, sigo. Estoy perdido y cansado. Paso un grupo de jóvenes que se me queda mirando, desconfío. Al poco me dicen: “no, no, there danger”. Me insisten en que me acerque, o ellos o entrar al recinto de una mezquita que delante, pero no puedo. Ni creo, ni puedo hacerlo. Me acerco a ellos, manteniendo la distancia. Su mascota, una oveja blanca de hocico negruzcado empieza a chuparme la pierna. Me recomiendan volver. Es la primera vez que me sentido inseguro, basura alrededor, ratas, oscuridad, callejones que han desaparecido del mapa. Quizás tengan razón, sea mejor, darse por vencido. La estación central se haya lejos de aquí, sólo llevo la mitad del trayecto y tres horas sobre mis piernas. Estoy cansado, no tengo ni comida, ni bebida. Así que me doy por vencido, volveré a la comisaría de Kurla, a pocos minutos de aquí, cruzaré de nuevo la pasarela y tomaré un rickshaw de vuelta al campus. Antes de llegar a los taxis, me desvío una calle. Lo que veo. Una calle ancha, desierta de personas, pero tan sumamente sucia de papeles, que parece una película. Detrás de mí, un hombre armado sentado en una mesa y varias personas discuten sin tensión. Tengo que volver aquí y hacer una foto con no sé que cámara, pero tengo que hacerlo, parece una imagen de un western, surrealista dentro del absurdo de la ciudad. Llegó a la zona de los taxis, no me sorprende que se arremolinen varios hacia mí. Ha estado pasando toda la noche. Un blanco por ciertas calles industriales de noche no es algo cotidiano. Un taxista quiere llevarme a su coche, pero se percata que yo ya he elegido otro. El conductor parece de fiar, aunque no sabe el camino. Se lo indica la multitud que se apoya sobre el auto. Estoy tremendamente cansado, sólo quiero que arranque ya. Un sentimiento de abatimiento me sobrecoge, esperaba llegar más lejos, pero las fuerzas han podido conmigo. Mas volveré otro día, quizás en bici, quizás andando, pero repetiré el trayecto, con menos miedo y más tesón. El viaje se hace rápido en comparación con la ida caminando. Tras una equivocación del conductor, sigue el trayecto sin complicaciones. El traqueteo del vehículo me mata, tengo apoyada la espalda sobre el soporte de madera de sus altavoces, que me golpea de que manera. El pavimento tampoco ayuda, es sorprendente como en grandes avenidas, donde se circula a más de 60 km / h, haya socavones y agujeros de tan magnitud, no os lo podéis imaginar. El recuerdo del trayecto va conmigo a la vuelta, de lo que he visto y querido ver. Ya estamos en la residencia, le pago lo que le corresponde y se va. Son las 3:30, me voy a dormir con ganas de repetir. Lo haré.

Tras llegar de no hacer nada del laboratorio a la residencia, ha aparecido Ganpat, un indio que hace doctorado, muy majo. Es posiblemente el más hospitalario de todos, que ya es decir. Van a preparar una cena en su casa.  Son las 19:45. Me lleva en su moto a la residencia de los doctorandos solteros. Allí encontraremos a Rajkumar, mi compañero de laboratorio y de proyecto. Los estudiantes que hacen doctorado viven aquí en habitaciones compartidas entre dos de unos 6 – 8 m2. Tienen la ropa tendida en medio del pasillo, las paredes y el suelo están en general bastante roñosas y oscuros. Las primeras veces el olor sobrecoge. Cogemos los vegetales y nos vamos los tres en moto al edificio de los doctorandos casados, allí vive Ganpat.

Estamos un poco alejados del centro del campus, casi en la montaña, hace hasta frío.El edificio tiene un cierto aire comunista, hormigón sin ninguna decoración, sólo un título en la fachada. No tiene puertas, en la planta baja interior varios niños se persiguen. Alzo la mirada y veo mucha ropa tendida alrededor de las escaleras centrales. Es la ventaja de casarse, tus hijos y tu esposa viven contigo en un apartamento de no más de 20 m2, sólo una habitación, baño, cocina y una pequeña terraza. La higiene también brilla por su ausencia para un europeo medio. Quizás os recordaría a algún verano pasado, cuando alquilasteis un apartamento en Benidorm. Quizás incluso peor. Una cama ocupa la habitación, un ordenador, eso es todo. Acaba de llegar un compañero de Ganpat, él también está casado. Rajkumar se sienta en el suelo, y corta sobre una bandeja metálica las verduras. Patatas, un poco de coliflor, tomate, zanahorias (siempre rojas) y cebolla. Va a cocer el arroz con las verduras, aderezado con varias especias, chile y aceite de girasol. Si no fuera por las especias, el arroz sería fácilmente comible. Pero está rico. Sé que para ellos, está poco especiado, ha sido un detalle por su parte. Me traen yogur, curd, ni os imagináis cuánto puede aliviar tomar lácteos. Mientras que yo pido una cucharilla para comerme la masa de arroz, ellos hacen pelotitas con las manos sobre las bandejas. Han preparado comida, creo que al menos para 6 personas. Una olla entera de unos 40 cm de alto colmada de arroz. Mañana se comerá Ganpat lo que sobre. La cultura india ve con malos ojos que no te comas toda la comida; en muchos restaurantes te empaquetan el resto de la comida para que te la lleves. Cientos de miles de persones mueren al día porque no tiene nada que llevarse a la boca. Nada.

Vemos las noticias, siempre Pakistán, siempre. La amenaza terrorista es continuo tema de debate en la India. Los musulmanes no son especialmente queridos aquí y más tras los recientes atentados terroristas. Muchos indios culpan a Gandhi de que los musulmanes sigan en su país, como así me comentan jocosamente. Estoy muy lleno, he tenido que repetir ante la insistencia india, y aún querían que repetiera otra vez. Nos comemos las fresas con mucho gusto. Mmm, qué ricas. Por poco más de un euro puedes comprar 35 fresas, increíble pero cierto, y durante todo el año. Pobre Valeria, con lo que le gustan las fresas y sólo puede disfrutar de ellas unos meses ;). Son ya las 00:00, Ganpat nos lleva en moto, la temperatura no será menor de 20ºC,  pero el aire nos corta la cara. En pocos minutos y tras dejar a Rajkumar en su habitación, ya estoy en la habitación. A dormir. :)

Palmeras en el campus 1

El campus del IIT (Indian Institute of Technology) de Bombay está situado en Powai, suburbio al norte de Mumbai. Tiene una extensión de más de 2,2 km cuadrados, algo más del doble del recinto de toda la Politécnica de Valencia. Está abundantemente cubierto por árboles tropicales y está rodeado en el sur por el lago Powai y cerca del Vihar. En él habitan la práctica totalidad de los estudiantes, profesores, personal de administración, obreros, guardas y demás empleados. Curioso es que la mayoría de los trabajadores (incluso los profesores más prestigiosos), no tienen otra vivienda para vivir fuera del campus, por lo que cuando abandonan el puesto, generalmente a avanzada edad, se van a vivir con familiares o se compran una casa. Divertido a su vez es que con los trabajadores viven sus familiares, ancianos y niños, que van uniformados a la escuela. Como podéis comprobar, en el recinto universitario conviven todo tipo de personas de distintas castas junto a animales de los que destacaría, los toros, los monos y los perros. No por ello podemos olvidar las ardillas, cuervos y todo tipo de reptiles e insectos. En alguna ocasión se han avistado cocodrilos (gaviales) y ha aparecido algún gran felino proveniente de la Reserva Natural que colinda con el campus. Vincent, un estudiante americano, nos ha asegurado que una noche cuando corría por el bosque, se topó con un jaguar, que le rugió a poco más de 10 metros. Según relata él mismo con toda certeza, sabe lo que vio. No sé si creérmelo o no, en cualquier caso de ser cierto, tuvo suerte de salir con vida esa noche. No ha vuelto a ir por allá más :). Volviendo a los datos, el número de estudiantes es ciertamente ridículo si lo comparamos con muchas universidades españoles, cerca de 4.000 estudiantes, de los que poco más del 10% son féminas. Estos números distan de los 30.000 universitarios de la UPV. Más sorprendente es el número si comparamos la población de Mumbai con la de Valencia. En la actualidad, multitud de obras se están acometiendo para intentar incrementar el número de estudiantes en unos miles más. Para entrar en la universidad se debe superar varias pruebas de acceso, entre ellas un examen de inglés. Como dato, sólo uno de cada mil estudiantes consigue entrar en la universidad la primera vez. El motivo es sencillo, hay un gran número de estudiantes para tan pocas plazas. Además, no todos los que lo intentan pueden costearse una buena educación preparatoria en alguna academia privada. La duración mínima recomendada para preparar este examen es de un año. El delegado o guardián (Warden’s Nominee) de la residencia me ha asegurado que hay distintas colas de entrada en función de la casta a la que pertenezcas. Este dato contrasta con el oficial, que asegura que no hay ningún tipo de discriminación social. Me informaré al respecto, pero este chico sabe mucho de la universidad, muchísimo. Por todo esto, somos bastante privilegiados los estudiantes extranjeros que estamos estudiando en Mumbai. Aquí se puede cursar carreras como Aeronáutica, Informática, Industriales, Caminos, ADE, Organización, Diseño Industrial… y, como no, Ingeniería Química y Química. El sistema de enseñanza es distinto al español y parecido al europeo. Cuatro años para acabar el Bachelor, y uno extra para el Máster. Después, muchos hacen el Doctorado en la propia universidad, cuatro años. Es un largo periodo, pero tenéis que saber que al igual que ocurre en España, tener una plaza asegurada como docente o investigador para toda la vida, bien merece el sacrificio. Además, el salario para un profesor aquí puede superar perfectamente los 1000 €, que teniendo en cuenta los costes en la India, se convierten en más de 3000 o incluso 4000 €, salario nada desdeñable sabiendo que el 60 % de la población en Mumbai vive en chabolas y una buena porción de los mismos en condiciones de extrema pobreza, con menos de 1 € al día para vivir. Se puede decir, pues, que vivir en el campus del IIT es como vivir en un pequeño paraíso dentro de la India. Las condiciones higiénicas al principio me parecieron deficientes, mas después de ver la miseria que nos circunda, sin olvidar que en el campus cientos de obreros viven en barriadas extremadamente pobres, me sentí afortunado. Creo que como introducción os bastará el texto. Seguramente habrá una segunda parte sobre el campus, para hablar de las instalaciones deportivas, departamento, las telarañas de los váteres europeos y la tienda de zumos, mmmm. Seguir leyendo »

Estoy aprendiendo a manejar las opciones del blog. Siento tardar en escribir en él, entre la pereza y la falta de nuevas fotos, lo he ido dejando. Espero que en los próximos días, ya haya escrito cosas interesantes.En Picasa, bajo la cuenta divadfu, podréis ver las fotos que cuelgue, algunas seguramente pertenecerán a algún compañero. Doy de paso las gracias a Jorge, que está siendo mi asesor técnico y jurídico en el blog. Ya os hablaré de él más adelante.

Os pido, por favor, que si veis alguna falta de ortografía o sencillamente de mecanografía, me lo hagais saber. Últimamente confundo mucho la ve con la ube, así que buestra ayuda será vienbenida :). Me estoy debatiendo entre hacer un blog con categoría o hacer blogobasura a lo Crónicas Marcianas, es decir, hablar de cacas, culos y pises, que es lo que en realidad, sus guarros, queréis leer. Creo que ya sé por que me decantaré.

En cualquier caso, doy por inaugurado el blog y a no más tardar colgaré nuevos temas con suculentos comentarios y apreciaciones. A lo largo de estos meses, os mostraré la cruda realidad de Mumbai, que es el nombre oficial de Bombay, y os daré algún cursillo de cómo matar mosquitos, comer picante, regatear, no ser timado por los taxistas,  y en general sobrevivir aquí. En estos momentos, la vida me está dando una buena lección práctica.

También os daré la brasa con alguna parrafada metafísica; sí ya sé que antes que leer, preferís que ponga una tele, incluso aunque tengais aguantar los chistes de Matías Prats o al mismísimo Míchel, pero es lo que hay.

¡Ya están con los tambores! Pero esta gente no entiende que es lunes. No todos los días es fiesta. Bueno, para algunos sí.

Qué no se haga esperar más. Corred las velas, soltad el telón…

¡Qué comience el espectáculo!

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